Javier Azpeitia: “Quería hablar de cómo es nuestra relación con los libros”

Por Elena Gómez (@elenitagn)

Javier Azpeitia (Madrid, 1962) saca brillo a su experiencia como editor para ahondar en los orígenes del libro como producto industrial. En ‘El impresor de Venecia’ (Tusquets) regresa a la ciudad mercantilista del Renacimiento donde el contenido es denostado en favor de la máquina en un mundo de técnicos cuyo objetivo era que resonaran los ducados en sus bolsillos. Realidad que no entiende de siglos y en la que la crisis del libro es vencida con la inmortalidad del papel y el romanticismo de los escribientes. Su protagonista es Aldo Manuzio, primer editor del mundo, reconocido a nivel general, desconocido a nivel nacional. A través de su desembarco en la ciudad de los canales contará los entresijos de las imprentas y la vida en Venecia en una época tan convulsa como la actual.

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Fotografía de Sara Baquero Leyva

¿Esta novela es un esfuerzo por dar a conocer la historia del primer editor al público general?

Sí, por un lado tenía eso en la cabeza. Aldo Manuzio es el primer editor real, el primer intelectual que se pone a trabajar con los libros en un época en la que como ahora predominaban los técnicos como ahora en internet, los que hacían los libros con las nuevas imprentas; él fue el primer intelectual que se metió ahí para intentar poner orden e intentar decidir qué era lo que había que editar. Como es una figura tan desconocida en España y tan importante en el Renacimiento, una de mis intenciones es a nivel divulgativo, pero claro eso no da para una novela en absoluto y lo principal que quería era, un escritor de novela histórica lo que quiere narrar es el presente y de lo que quería hablar era de cómo es nuestra relación con los libros. En este momento la relación con los libros es muy parecida al que se vivió  por entonces.  Hablando de ese tiempo en el que pasa del libro manuscrito al libro impreso, ese cambio de paradigma podía reflejar muy bien el problema de la situación actual.

De hecho se refleja la eterna crisis del libro

A ver, la crisis la inventó el libro. Lo que llamamos ahora crisis de mercados y de los bancos.  El primer producto hecho en serie fue el libro, se publicaron como churros y se convirtió en  un producto industrial que inundó el mercado e inmediatamente necesitó búsquedas de técnicas de venta especiales, es decir, el libro provocó la empresa moderna, la empresa capitalista.

El libro portátil de hecho fue inventado por Manuzio para vender más.

La palabra inventar es una palabra muy estupenda, pero imprecisa. Digamos que el libro portátil por aquel entonces eran los misales, que se utilizaban para rezar y lo que hizo Manuzio fue inventar el libro portátil como portador de literatura clásica. Creó el modo en el que leemos ahora, que leemos de una forma muy parecida a como se rezaba antes: muy concentrados, aislados, tumbados. En la época de Manuzio los intelectuales leían en un atril libros de tamaño folio.

También aparece el tema de la falta de lectores debido a la analfabetización de la época que  tanto recuerda al actual “pero si la gente no lee”.

El problema es el mismo  y la situación un poco parecida porque se instauró la idea de que leer da caché. Entonces la gente incluso se retrataba con los portátiles de obras clásicas de Manuzio llevándolos en la mano para presumir de ser cultos.

Y, ¿por qué Venecia?

En ese momento era el centro divulgador de Oriente. Los tres productos más importantes eran la seda, las especias y los esclavos. Entonces los venecianos eran especialistas en repartirlos por toda Europa. En aquella época había muchas aduanas y los venecianos eran especialistas en negociar los pasos. Además el Senado veneciano dio permiso para que cualquiera que quisiera pudiera poner una imprenta en Venecia y los alemanes deslocalizaron las imprentas, y las trasladaron allí. Hasta 1492 los árabes tenían Granada tomada y por el Estrecho no podían pasar cómodamente los barcos porque había impuestos o piratas berberiscos que impedían el paso, por lo que  generalmente los libros se transportaban por vía fluvial por dentro de Europa.

A la hora de escribir el personaje de Aldo Manuzio, ¿te ha influenciado tu experiencia como editor?

Sí, por supuesto. Me he dado cuenta de que aquello funcionaba más o menos igual que ahora. Digamos que entre Manuzio y Erasmo inventaron la relación entre editor y escritor. De hecho, Manuzio fue el primer editor y Erasmo fue el primer escritor que se puso en contacto con él porque quería publicar en los libros pequeños portátiles que hacía (aldinos) dos obras de teatro de Eurípides: ‘Hécuba’ e ‘Ifigenia en Áulide’.  En ese momento Manuzio aceptó, pero le pidió que fuera a trabajar con él para replicar un libro anterior que había tenido éxito. En aquella época fue cuando Erasmo publicó su obra más  importante, que no es ‘El elogio de la locura’, sino ‘Los Adagios’; una colección de adagios griegos y latinos que Erasmo compiló con los comentarios del propio Erasmo, y que son las base del texto ensayístico posterior y la raíz del ensayo moderno. Manuzio le hizo trabajar como un loco para convertir lo que eran cuatrocientos adagios en dos mil y pico. Al final de  su vida Erasmo ya había publicado hasta cuatro mil textos y ‘Los Adagios’, que son como la Biblia y como el noventa por ciento de las obras importantes, están sin traducir al castellano todavía. Sólo están en inglés, francés e italiano.

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Fotografía de Sara Baquero Leyva

Volviendo al amor por los contenidos de Aldo Manuzio, contrasta muchísimo con Torresani que encarna a la edición mercantil hecha hombre.

Torresani fue quien inventó la figura del editor para vender más. En una época en la que se estaban haciendo los libros como churros y se dio cuenta que necesitaba poner a un intelectual al frente de la imprenta para competir.  Optó por Aldo sabiendo además de que tenía una relación muy importante con un montón de  intelectuales europeos, en aquel momento llamados escolas, humanistas que estaban trabajando en las diferentes universidades en toda Europa. Manuzio se fue carteando con todos ellos, avisando de que hacía las primeras impresiones de textos en griego como la obra completa de Aristóteles. En definitiva, todos los autores griegos importantes que hasta ese momento no estaban impresos en griego, estaba Homero y poco más.

Torresani tenía una personalidad tan marcada en lo que a canalla se refiere que  ha servido de inspiración a otros autores. Quevedo, por ejemplo.

En realidad sabemos cómo era Torresani porque Erasmo escribió un pequeño diálogo satírico en el que se reía de él que se titula ‘Opulencia sórdida’, la tacañería de los ricos. Con mucho humor Erasmo parodió las situaciones que vivió en casa de Torresani, porque en aquel momento los escritores se instalaban en los talleres a vivir y, en el mismo sitio en el que estaban las imprentas, cuando se acababa la hora de trabajar (que era muy tarde) sacaban de debajo de las imprentas los muebles plegables y dormían allí. Reflejó sus cenas en aquellos sitios, los sufrimientos que pasaban por los piojos y ladillas en las camas, la riqueza que tenía Torresani y lo mal que daba de  comer a sus trabajadores. En ese diálogo de ‘Opulencia sórdida’ se inspiró luego Quevedo para hacer escenas de ‘El Buscón’ imitando a Erasmo. Yo he tomado esa idea y he trabajado a partir de ahí porque se parece mucho a lo que hoy en día es un empresario moderno. Muy innovador, quiere juntarse con gente muy lista, les paga lo menos posible y luego les explota todo lo que puede.

Recuerdo a Torresani con su prisa constante y su “¡No llegamos con los libros!” o el festina lente de Aldo Manuzio.

Sí, festina lente es la marca tipográfica que utiliza la imprenta de Manuzio. El símbolo es un delfín enroscado a un ancla, que por ejemplo tienen editoriales modernas  como Doubleday que publicó ‘El código Da Vinci’ en Estados Unidos, o la editorial Destino que en España tiene un colección de narrativa que se sigue llamando Áncora & Delfín. El ancla y el delfín se convirtió en imagen de calidad, como ahora la manzana mordida. El delfín, según Plinio en su ‘Historia Natural’ era el animal más rápido del mundo y el ancla el modo de detenerlo. Festina lente traducido al castellano significa “apresúrate lento” y es el modo en el que nos hacen trabajar los empresarios desde entonces. A toda velocidad, pero con mucho cuidado para no hacerlo mal. Parece ser que es un símbolo que tenían algunos romanos como Augusto o el emperador Quito, un símbolo para indicar cómo había que conducir el Estado y la propia  vida, con un apresuramiento cuidadísimo.

En la novela hay tres protagonistas principales, de Aldo Manuzio y Torresani ya hemos hablado y falta María Torresani… Mujer culta, hija de Torresani y esposa de Aldo Manuzio que vive en un mundo lleno de prostitución, esclavitud, matrimonios concertados…

Y sobre todo un mundo del que nos queda muy poca información de la mujer porque está borrada. Sobre María Torresani sólo sabemos su nombre y la fecha de su muerte. Lo que me ha ocurrido en esta novela es que si quería escribir sobre mujeres, no tenía información. Se sabe con toda seguridad que las mujeres trabajaban en las imprentas y aportaban su valor. Hay un caso que tengo documentado y que aparece en la novela que es el de Paola da Mesina, una mujer que fue esposa de todos los grandes personajes de una imprenta, que fue creciendo y se convirtió en una gran grupo, siendo punto común entre todos ellos. Aparece en la sombra, pero es constante.

Sabiendo que las mujeres trabajaban por mucho menos dinero de lo que costaba darles de comer a los animales, y que participaban en todo esto y luego estaban borradas de los documentos, yo que no soy feminista, ni quiero presumir de ello, pero me parecía de justicia contar la historia un poco al revés.

De hecho adjudicas a María todos los inventos que han sido asignados históricamente a Manuzio.

Entre otras cosas porque le quería bajar del pedestal que ahora sabemos que no es el suyo. Me pareció importante.

¿En qué sentido no es suyo?

Le han colocado todo. Por ejemplo, se dice que es el inventor de la letra romana, las notas al pie o de los signos de puntuación actuales, cuando es falso. Pero sí que es verdad que en su imprenta confluyen de una forma muy limpia todo ese trabajo que habían hecho durante  mucho tiempo grandes personajes en torno al libro. Éste es un oficio de oficios, no es un oficio de una persona. Junto con la arquitectura, la edición creo que es el oficio humanista más importante. Lo que pasa es que, yo creo ,que en el caso de la edición no ha habido una carrera específica, lo que la ha  convertido en oficio saqueado por mercachifles como Torresani.

En cuanto a la temática, se aprecia cierta crítica hacia la doble  moral de la Iglesia. Incluso tocas el controvertido tema de la pederastia.

Desde mi punto de vista la pederastia en la Iglesia es una herencia del mundo griego. En el mundo griego se separó a la mujer de los hombres como hace hoy en día la Iglesia. Se aisló a los hombres de las mujeres para separarlos de sus malas influencias y se buscó el modo de librar al hombre de la influencia de las madres. Lo normal era quitarle el niño a la madre y entregárselo a los educadores para que le enseñen la higiene, el sexo, la contención, para que aprendieran a guerrear, a pensar, a razonar y les alejasen de las mujeres cuyo contacto es contaminante. Se inventaron unos lazos amorosos un poco especiales que incluían la castidad y el dominio de las pasiones que provocaban situaciones enfermizas en las que hombres muy mayores se enamoraban de muchachos e iban a las puertas de su casa a llorar, se tiraban sin comer varios días… amor fú o amor loco que ha influido mucho en el amor heterosexual actual, ya que provocaba que las mujeres tuvieran que recurrir a una serie de tretas para seducir a los hombres como depilarse, hacerse las tontas como si fueran adolescentes, comportarse como si fueran un docto muchacho, lo que les hacía seducir a los hombres. De aquellos males me parece que vivimos todavía un poco.

Recomendación literaria:
‘Señales de humo: Manual de literatura para caníbales’de Rafael Reig. Contiene la historia de la literatura española desde las jarchas hasta Cervantes de forma novelada. Me parece un joya absoluta con la tesis de que nuestra literatura tiene sentido como cualquier  otra gracias a la literatura popular.
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Fotografía de Sara Baquero Leyva

 

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