Javier López Menacho: “Nuestra cultura no le ha prestado atención a las mujeres y es un debate del que hay que hablar”

Por Elena Gómez (@elenitagn)

Imágenes que complementan poesías, poesías que conviven con prosa descriptiva cargada de subjetividad bien entendida, de esa que te arrastra a conocer esa parte desterrada de la memoria colectiva. Supone entender a los protagonistas que formaron la personalidad cultural andaluza sin prejuicios, jugando con formatos y palabras. Pintura, música, literatura y desarraigo se funden en este libro homenaje a las raíces sureñas que van más allá de Andalucía, porque sus personajes dejaron una herencia cultural que borra cualquier frontera preestablecida.

Javier López Menacho en “Hijos del Sur” (Tierra de Nadie) escribe y describe con licencias poéticas, escapando de lo obvio y lo clásico, la historia de veintiún artistas que forman parte del legado andaluz. Para unificar y cerrar el círculo de cada relato contó con la ilustradora Ascensión Andreo.  Retratos escritos y visuales de Federico García Lorca, María Zambrano o Cernuda reposan entre sus páginas.

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Acostumbras a escribir sobre temas  muy personales. ¿Este libro es un homenaje a tus raíces andaluzas?

Yo, la verdad que si soy sincero, nunca he tenido una mochila cargada con el tema de mi tierra y mi especial nostalgia por Andalucía. Llevo diez años fuera de Jerez, vuelvo cada dos o tres meses (o sea que no debería tener un desarraigo como tal).  Sí que es verdad que un fin de año en este periodo más de crisis, pasé el fin de año con la familia y mis colegas en Jerez y al regresar a Barcelona me costó bastante ese tema de volver a coger la rutina. Coincidió que el 1 de enero murió “El Torta”, uno de los protagonistas de los relatos, además de uno de los grandes cantaores jerezanos, y como que me afectó su muerte. No sé por qué porque yo al Torta no le había escuchado; pero me afectó que  muriera un símbolo de Andalucía precisamente el día en que justo me iba y sentí ese lastre de me estaba perdiendo cosas que estaban pasando en Jerez. Y ahí empecé a escribir por un ramalazo de nostalgia de que me pierdo cosas que no estoy viviendo porque estoy fuera. Yo estoy muy a gusto en Barcelona, pero sí que es verdad que me dio por ahí y así empezó el libro. Empecé a escribir un relato del Torta, luego Camarón, “La Paquera”, Lorca y así hasta que reuní veintiún relatos.

Una manera de rescatar todo aquello que sentías que habías perdido.

Sí, todo aquello que me estaba perdiendo pero al mismo tiempo de bucear y recuperar mi enganche con la tierra. Busqué una revista para publicar los relatos que se llama “El Secreto del Olivo” que es una revista andaluza de cultura contemporánea que no mira la realidad andaluza desde el clásico ir al Rocío, sevillanas y demás; sino que va más allá y hace rock alternativo, opinión y rescata el legado de la sociedad andaluza no tan obvio, no en primer plano. Hablé con ellos y empecé a publicar los relatos.

¿Y por qué elegiste a unos y no a otros?

Iba haciendo los relatos en función de los artistas que me gustaban. Por ejemplo, Carlos Cano tiene que ver con que los escuchaba mi padre cuando nosotros éramos pequeños. Camarón o Los Planetas, también por gusto personal. El libro tenía sentido por aquello de la memoria andaluza, pero le faltaba un punto de unidad, algo que conectara todo. Entonces pensé en ilustrarlo todo con la misma gama cromática, el mismo estilo y unificarlo. Llamé a Ascensión Andreo y le propuse que hiciera veintiún retratos con todo el trabajo que conlleva y lo difícil que es que alguien se comprometa, cuando por aquel entonces no teníamos ni editor. Además era un libro que exigía una edición en papel diferente porque tenía que ser a color, no tenía que transpirar la página y todo ello conlleva un gasto. Además los retratos tenían que ser más o menos realistas porque tenían que captar la esencia del personaje y encontrar la manera de que todo conectara. Al final conectó con la manera en la que a mí me gusta hacer las cosas. Eligió por ejemplo unos tonos naranjas, quizá más vivos.

Rompe con la etiqueta de lo clásico, aunque habléis de clásicos.

Esa dualidad se refleja en los relatos. A mí me gusta que digamos el libro trata mucho desarraigo y también de la distancia y de ese conflicto eterno que tenemos los andaluces con la cultura y la tierra. Nosotros queremos mucho la tierra, nuestra cultura; pero al mismo tiempo tenemos una sociedad emigrante que se va y una sociedad que está en continuo debate con todas las limitaciones que tiene de empleo, de tejido productivo, de que nos conseguimos un desarrollo al primer nivel europeo. Somos el sur del sur del sur y estamos limítrofes con África, lo que muchas veces nos conecta más con la cultura árabe que con la europea. Esto no tiene nada de malo, al revés. Al final estamos en continuo debate entre lo que somos y lo que aspiramos a ser.

Esa crítica hacia la sociedad andaluza la incluyes en el pasaje en el que hablas de Blas Infante.

 Blas Infante es el padre de la patria andaluza. Fue el gran pensador que definió un poco cuál era el sentir andaluz y espoleó un tipo de cultura andaluza y de sentir andaluz. Es un personaje que todo el mundo reivindica desde los partidos políticos a la sociedad andaluza en general, pero de alguna manera no pertenece a nadie, pertenece a Andalucía. Lo digo porque es muy habitual que los partidos políticos y las asociaciones reivindiquen a Blas Infante, cuando en realidad no pertenece a nadie, pertenece a nuestra memoria. Ese relato sí que fue más duro, más difícil. Otro tema que llamó la atención al respecto es que por ejemplo,  cuando murieron los grandes poetas catalanes todo el pueblo fue a su funeral, se hicieron estatuas de ellos, se arropaba mucho más. En cambio, en Andalucía el gran precursor de la identidad andaluza murió  en una cuneta abandonado. Fíjate la diferencia. En este relato abordo el tema de esa dualidad andaluza, en el sentido de que nos gusta mucho nuestra patria, pero al mismo tiempo guardamos mucho dolor dentro.

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Algo a destacar dentro de la temática es que coexisten relatos sobre temas muy dispares, no usas un estilo biográfico puro y duro. Por ejemplo, llegas a hablar hasta del padre coraje.

Sí, digamos que el libro era difícil de clasificar porque yo cogía un personaje y podía bifurcar el mensaje de dos maneras: o bien podía hablar de su obra y dentro de su obra hacía un relato (canción o poema) ; o también, podía derivarlo al tema personal hablando del personaje en cuestión como fue en el caso de Cernuda, que muere cuidando a unos niños en el exilio de una manera muy digna pero muy dura. En cambio, el relato de padre coraje que me comentas viene  de una canción de Javier Ruibal que habla del caso de la injusticia de Juan Holgado, que fue un chico asesinado en una gasolinera jerezana y que no se ha descubierto quién es el asesino ni nadie ha pagado por el asesinato. Varía mucho las composiciones y la manera de hacer cada relato, de ahí viene la necesidad que te comentaba antes de unificar todos los relatos con las ilustraciones.

A la hora de escribir te mimetizas con el artista del que estás hablando. Un claro ejemplo cuando hablas de Sabina.

Sí, es cierto que me mimetizo o eso intento. En Sabina yo quería hacer un “sabinazo”.  Sabina tiene un estilo de canción que es: hombre conoce mujer en la noche, hombre intenta seducir mujer, hombre y mujer se lían, hombre despierta solo y  mujer le ha abandonado. Eso es “Peor para el sol”, “Y nos dieron las diez” o “Donde habita el olvido”, entre otras muchas. Esto quería hacerlo en un relato y copié el esquema sabiniano y lo intenté imitar incluso en la manera  de rimar. Otro ejemplo es el relato de Lorca, en el que hago alusión al poema llamado “Pequeño vals vienés” que versionó Leornard Cohen y luego Enrique Morente con Lagartija Nick;  pasó una rueda de versiones y el tema llegó a mí, me pareció maravilloso e intenté hacer el relato como si fuera un vals. Intentaba que la cadencia poética sonara  como el vals que estaba sonando de fondo. Cada relato se amolda a la forma de ser y hacer del personaje. El lector juzgará si he conseguido mimetizarlo o no.

De hecho el libro se apoya en la música.

Sí, en ese aspecto he sido muy ambicioso porque yo quería que el libro trascendiera la experiencia lectora y tenía que incluir cosas del mundo totalmente digitalizado. Entonces decidimos hacerle una lista de Spotify una cosa tan 2.0. Aparte el libro lo hemos hecho performance con mi amigo Rafa Caballero que es músico y Pierric Paglioni que es el pianista. Hacemos una perfomance donde humildemente recito, pero donde el peso fuerte está en la música. Además es de los pocos libros que tienen un tema dedicado al libro. Todo eso a la hora de presentarlo hace que sea una experiencia lectora y espectadora para todo aquel que venga a ver la presentación.

¿Te quedaste con ganas de añadir más personajes?

Sí, la verdad que hubiera añadido más. Los escritores muchas veces nos hartamos de nosotros mismos y de nuestros propios proyectos y yo ya veía que con veintiuno ya estaba bien.

El otro día me decían “¡Cómo no pudiste poner a Lola Flores!” y es verdad, y tantos otros que podría haber puesto y no puse. No obstante, creo que el debe real que tiene el libro es la ausencia de mujeres, sólo hay tres mujeres: La Paquera, María Zambrano y Wallada.

Personaje bastante desconocido este último.

Sí, su historia es muy muy desconocida. Yo llegué a ella cuando empecé a buscar el rastro de las poetisas andaluzas y todos los rastros me conducían a Wallada. Entonces me empapé de su historia. A partir de ahí hice un semblante más frontal porque es muy desconocida, pero sí que es verdad que es un debe que tiene real y también porque nuestra cultura no le ha prestado la atención a muchas mujeres  y es un debate del que hay que hablar. Por ejemplo, hace poco fue el día de Andalucía y en Twitter compartí una imagen de la geografía andaluza dividida por provincias  y cada una tenía sus personalidades culturales en cada parte de la geografía donde se dieron y es espectacular ver la tremenda influencia que tienen los artistas andaluces en la cultura española y mundial. Eso sí, en ese caso no había ni una mujer en el mapa.

También publicaban con seudónimos.

O directamente se las ninguneaba. También hay obras que están olvidadas y creo que es necesario rescatar la voz de la mujer porque en el sentido de la tradición oral las mujeres  fueron fundamentales a la hora de crearlo cómo decirlo cómo vivirlo, entonces tenemos un legado histórico que tiene una cojera, es hora de reivindicar las autoras andaluzas.

¿Un Hijas del Sur?

Mira, eso que me comentas me lo dijeron. Hablé con unas colegas feministas y me hicieron la propuesta y no lo descarto porque me parece un proyecto pertinente y muy bonito. Es un proyecto que no descarto abordar en un futuro.

 

Recomendación literaria:

‘El escritor Gonzo’ de Hunter S. Thompson. Son las cartas de Hunter Thompson con su editor. Hunter Thompson es el rey de la crónica gonzo, es decir, de la crónica hecha insitu. Hace un par de años Anagrama sacó la correspondencia que mantenía con su editor y me parece muy interesante.

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